Osde Cruce Tandilia 2017

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Texto: Claudia Villapun

Imágenes: DW Team

Saltar el charquito, subir la lomita, escuchar los gritos y aplausos, ver la pista de atletismo y visualizar el arco. Los dos días, pese a que esos metros finales son iguales pero no así el recorrido, se vive de la misma manera. Hay una sensación de alivio pero al mismo tiempo de nostalgia, porque se termina y siempre quedan ganas para un poco más. El Cruce Tandilia tiene eso de correr por las sierras pero también es el encuentro con amigos, con gente de todas partes que cada año tiene como punto fijo la carrera, compartir unos mates durante la entrega de kits o mientras se espera la premiación. Dos veces la corrí, las dos veces acompañando: una a mi hermana en su debut en este tipo de terreno y este 2017 a mi marido, que volvió a correr después de seis meses de lesión. Es un hermoso lugar para ambas cosas, porque es un circuito amigable, que permite correr pero también subir y exigirte, porque hay una organización que te cuida, una ciudad que te da la chance hasta de una carrera Vertical, un clima (y no hablo del calor) que te motiva. Es todo eso el Cruce Tandilia, la mejor excusa para arrancar el año al trote y con amigos.

 

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