CANDELA BENSIMON

Era enero de 2016 y mi primera carrera en las sierras. Con esa mezcla de nervios, ansiedad y alegría que me da cada largada, me metí en el corral con mis amigos para prepararnos. Entre fotos, sonrisas y desearnos “buena carrera”, salimos.

Definitivamente jamás hubiera imaginado lo que me encontré; además de correr por unos paisajes tan lindos como los de Tandil, el clima y compañerismo que se vive en el Cruce de Tandilia se vuelve adictivo. Lo ves en las sonrisas del que corre al lado tuyo, lo escuchas con el que charlas en esa subida que se volvió un poco dura y en la que decidiste caminar, lo sentís en cada grito de aliento que escuchas de amigos y desconocidos. Disfruté cada uno de los 21km.

Cuando digo que se vuelve adictivo, estoy hablando en serio. La corrí de nuevo en 2017, en 2018 y me anoté en la edición 2019. ¿Por qué? Porque quiero volver a sentir esa mezcla de sensaciones que te dan las sierras, pero que también te da el encuentro con amigos (y no tan amigos) con los que te une el placer de disfrutar una buena carrera.

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